“Remanufactura significa devolver un producto usado al mercado como mínimo con el mismo rendimiento que traía de fábrica. Incluso con calidad y funcionalidades mejoradas”, explica Ángel Fernández Homar, presidente de la Fundación para la Economía Circular. En realidad no existe una definición oficial de remanufactura pero se entiende mejor con los ejemplos que va desgranando: en vez de desechar un ordenador viejo, lo remanufacturamos ampliando su memoria; o a un motor remanufacturado de un coche podemos incorporar componentes que no tenía el original y que ahorran combustible.
Fernández Homar aboga por dotar al concepto de un marco normativo (como una norma ISO), para que todo el mundo sepa a qué se puede llamar producto remanufacturado… y a qué no, desde los requisitos que debe cumplir a la estandarización de los procesos. De lo contrario, “corre el riesgo de convertirse en una herramienta de marketing vacía de contenido”, advierte. Al mismo tiempo cree necesario potenciar este tipo de productos por la vía de la fiscalidad. “Debería favorecerse a los productos remanufacturados respecto a los vírgenes”, defiende el presidente de la Fundación para la Economía Circular.